Ximo Puig: lo legal y lo ético
· editorial
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El ex presidente Ximo Puig, actual embajador de España ante la OCDE, residente habitual en París y beneficiario de una muy generosa remuneración por dicho cargo de representación, cuenta además con la posibilidad de disponer de una oficina a su servicio con varios trabajadores contratados. Aunque el ex dirigente socialista ya no tiene su residencia fija en la Comunitat, a donde acude cuando su trabajo en la capital francesa se lo permite, en dicha oficina trabajan dos asesores -de no se sabe qué- y un chófer -que la mayoría de los días no tendrá nada que hacer-. Esta última plaza va a pasar a ocuparla un sobrino de su pareja y futura esposa, la ex consellera de Justicia Gabriela Bravo, lo que representa un claro mal uso de las facultades que la ley pone a su servicio. Aunque sea una actuación legal, la contratación de un familiar para un empleo pagado con 43.000 euros al año no resulta ni ética ni mucho menos estética. Y reabre el necesario debate sobre la figura de los ex presidentes y los beneficios a costa del erario público que resultan pertinentes o no. Es evidente que el embajador de España ante la OCDE no necesita en estos momentos ni los dos asesores ni el chófer. Y mucho menos si es su sobrino.