Algarrobico, una historia interminable
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El caso del hotel del Algarrobico, en el Parque Nacional del Cabo de Gata, ha sumado esta semana un episodio más de su historia de más de dos décadas. La mole continúa en pie frente a la playa, sin que a medio plazo se adivine cuánto tiempo permanecerá como símbolo de la especulación urbanística de una época. Pese a que las dos principales formaciones políticas, PP y PSOE, coinciden en que nunca debió salir adelante el proyecto. El Ayuntamiento de Carboneras, con los votos de los concejales socialistas, ha aprobado aplazar el Pleno en el que, en teoría, debía aprobarse la nulidad de la licencia de obras que el Consistorio concedió en 2003 a la promotora Azata del Sol. El argumento, el temor a la indemnización que podría reclamar el propietario privado del establecimiento si se da marcha atrás a la autorización municipal. Una decisión que ha provocado una crisis interna en el seno socialista, con la suspensión provisional de militancia a los cinco ediles. La hoy jefa de la oposición y entonces vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, prometió en febrero la demolición del hotel en seis meses, vía expropiación del inmueble. Iniciativa recurrida ante la Justicia. El complejo hotelero fue declarado ilegal en sentencia del Tribunal Superior de Justicia de 2021. Desde entonces se aguarda a que el municipio la cumpla. Ahora, tras la decisión del Ayuntamiento de la localidad almeriense, ecologistas y la propia Administración autonómica pretenden que, “supletoriamente”, la alta instancia judicial andaluza anule aquel permiso de obras para acelerar el proceso de demolición, que todavía puede prolongarse incluso durante años con los recursos que pueden interponerse. La comisión mixta que Gobierno y Junta constituyeron en 2011 para afrontar este problema se reunirá la próxima semana por sexta vez desde su creación. Vista la parsimonia hasta ahora, no hay que concebir muchas esperanzas en la reunión. Pero el sonrojo ante tanta inacción debería tener un límite.